Rodríguez Larreta sufre las consecuencias de un traspaso apresurado

La trama politica detras de la detencion del Comisario Potocar.

La forma vertiginosa en la que se hizo el traspaso de las 53 comisarías de la Policía Federal a la órbita porteña es la génesis del problema principal que debe atravesar el proyecto de reforma integral del plan con el que Horacio Rodríguez Larreta pretende satisfacer la demanda social de mayor seguridad para los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires.

POTOCAR

Contradiciendo la opinión de expertos que aconsejaban trasladar la responsabilidad jurisdiccional en varias etapas, como lo hicieron otros estados del mundo (por ejemplo, el caso de la Policía de Barcelona, cuyo traspaso insumió casi una década), el jefe de Gobierno se inclinó por la postura que proponía acelerar el trámite a menos de un año de duración.

Las decisiones políticas siempre traen aparejadas consecuencias que, en un área tan sensible como la seguridad, conllevan peligros. Larreta y su equipo no ignoran esta realidad y asumen que el reciente involucramiento de su jefe policial en una causa que investiga la corrupción de históricos comisarios de la fuerza en el manejo de la recaudación ilegal es una de las repercusiones de esta decisión.

Pero no sólo hubo derivaciones institucionales. “Producto de haber hecho el traspaso a las apuradas, hoy tenemos una situación de desmadre generalizada que se traduce en un crecimiento significativo de los secuestros extorsivos, sobre todo en los barrios del corredor norte lindante con la General Paz”, asegura una experimentada fuente judicial que colabora con la División Antisecuestros de la Federal. Para muchos uniformados, es un secreto a voces que este crecimiento delictivo responde a una sola razón: de la mano del descontento generalizado por la decisión administrativa de mixturar efectivos de varias jurisdicciones, en la Ciudad reemergieron con más fuerza que nunca las zonas liberadas, donde la Policía mira para otro lado mientras se sustancian delitos que dejan caja para repartir. Y lo peor es que, en este punto, colabora mucho la inexperiencia de los efectivos de la fuerza ciudadana, que no realizan el trabajo con la celeridad correspondiente. “Recibimos muy tarde las alertas por los secuestros extorsivos, a veces con demoras de hasta 45 minutos de registrada la denuncia del hecho, con lo cual la posibilidad de prestar colaboración efectiva es escasa o nula, porque cuando tomamos intervención, ya se pagó el rescate o se liberó a la víctima”, explica un uniformado que trabaja en el área. Hay estadísticas que avalan esta hipótesis. Para la Unidad Fiscal de Secuestros Extorsivos (UFESE), durante el primer trimestre de este año ya hubo casi la mitad de secuestros que en todo 2016 en la Ciudad de Buenos Aires. Se registraron 34 casos, mientras que en enero hubo 5; en febrero, 6; y en marzo, otros 7. Incluso durante diciembre (cuando ya el traspaso era un hecho) los 10 secuestros extorsivos que se denunciaron en el país fueron cometidos en la CABA o en el Gran Buenos Aires.

La semana pasada se viralizaron unos videos donde aparecía el ministro de Justicia y Seguridad Martín Ocampo vapuleado por un grupo policías, en el marco de una actividad académica. Esto evidenció que un sector importante de los uniformados no respetan a la autoridad política que debe conducirlos y quien, además, debe designar al sucesor del separado jefe de la fuerza. El debate aún pendiente es si quien conduzca la ya no tan flamante Policía de la Ciudad luego de la separación de Potocar (sobre cuyo destino se ciernen más nubarrones que cielos despejados) será un civil, tal como reclaman ciertos sectores del mundo de la política y la Justicia; o si se volverá a seleccionar a un uniformado para tamaña responsabilidad. Para Rodríguez Larreta, lo más importante será que su plan de seguridad integral, que tan buena aceptación tuvo en los vecinos gracias al excelente marketing que precedió su lanzamiento, continúe avanzando. Pero puertas adentro de la Policía será trascendental que quien asuma tenga claro que no es lo mismo controlar que conducir a los policías. “Para conducir primero tenés que infundir respeto en la tropa, algo que el actual ministro no ha logrado”, completa un uniformado.


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