41 años sin Haroldo Conti y la tristeza por la liberación de genocidas

Alejandra Conti, docente e hija de Haroldo comparte el duro momento de toda su familia: por las cuatro décadas sin escritor y por el fallo que podría dejar libres a los militares juzgados. 

Por Alejandra Conti, docente e hija de Haroldo para Revista Cítrica

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Todos los cinco de mayo son días muy tristes, muy duros para toda la familia. Pero hoy, a 41 años de la desaparición de mi viejo, el dolor es aún más grande, la tristeza es doble. Mi viejo era maestro. No todo el mundo lo sabe pero él fue profesor en varios colegios. Y cuentan sus alumnos que era muy apasionado. Yo también con orgullo elegí la docencia, lo que me permite aportar un grano de arena en la formación de las nuevas generaciones. Ahí está una de las grandes claves para construir un país mejor. Por eso hoy no puedo aceptar lo que está pasando.

¿Qué ejemplo le estamos dando a los más jóvenes? ¿Cómo vamos a dejar  libres a asesinos que cometieron crímenes de lesa humanidad?  Siento una profunda tristeza, mucha indignación. Es totalmente devastador. No para mí, que soy hija de una víctima del terrorismo de Estado, sino para todo el pueblo. Si esto le vamos a dejar a las futuras generaciones, yo tengo vergüenza de mi país.

El miércoles voy a ir a la marcha. Y no porque sea una cuestión personal, sino porque todos estamos afectados. La justicia no puede dar prerrogativas. Y me duele, porque algunos piensan que decimos esto porque nos mueve el rencor, la venganza o que no queremos la pacificación. La pacificación es la Justicia, es la Memoria, es la Verdad. Los crímenes de lesa humanidad, acá y en el mundo, no solo no prescriben, sino que no pueden tener beneficios. Esto no puede pasar. Pero está pasando, y por eso hoy, cuando pienso en mi padre, pienso en que él siempre fue un rebelde. Que él siempre tuvo una actitud de protesta y rebeldía ante las injusticias, ante las normas establecidas. El murió por luchar contra lo impuesto.

Por eso hoy más que nunca pienso en él, en que ese es uno de los tantos legados que nos dejó. Mañana, sábado, a las 11 de la mañana vamos a poner una baldosa en Fitz Roy al 1200, la casa donde vivía. Para conservar bien viva la Memoria. Y el miércoles vamos a marchar, por los 30.000 y contra esta justicia y este poder que creen que pueden llevarse puesto a todo un pueblo.


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