“Modificar la ley de fomento es quitar al Estado de su participación en la industria del cine”

El Secretario de organización del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA), Diego Galíndez, explica cómo se financia el cine nacional y porque el macrismo estaría avanzando sobre la ley de cine. Ellos, y el resto de los actores de la industria, están en permanente estado de movilización. 

Por Santiago J. Alonso para Kranear

La industria es uno de los sectores más golpeados por el gobierno macrista y radical en especial, el sector de las pymes. Al caer la industria falta el trabajo y aumenta la desocupación, ítems necesarios de las recetas económicas del neoliberalismo, tal como lo comprobamos y sufrimos los argentinos durante la dictadura cívico, militar y eclesiástica, el menemato y la breve estadía de De La Rúa. Cambiemos vuelve sobre los mismos errores haciendo retroceder al país décadas en sólo un año y medio.

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La semana pasada fue el turno de la industria del cine y los trabajadores del sector. Por medio de campañas publicitarias falaces -potenciadas en medios oficialistas- que intentan confundir a la sociedad, se puso en tensión la continuidad del gran desarrollo que la industria cinematográfica logró en las últimas décadas a través del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Por detrás está la intención de modificar la Ley de Cine en beneficio de grupos económicos locales y extranjeros y desprenderse de algunos gerentes identificados con el kirchnerismo.

Conversamos con Diego Galíndez, secretario de Organización e Interior del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA) y uno de los creadores del Frente de Artistas y Trabajadores de las Culturas (FAyTC), para que aporte la voz de una parte de los trabajadores de la actividad.

K: ¿Qué es lo que está sucediendo en el Incaa?
DG: “El miércoles previo a semana santa (12 de abril) nos encontramos con el pedido de renuncia de Alejandro Cacetta, ahora ex presidente del INCAA, que si bien era un funcionario del gobierno, había sido avalado y electo por la comunidad audiovisual. A partir de ahí, se convulsionó mucho la industria audiovisual, porque el gran miedo era que pudiera existir el intento de derogar o de modificar la Ley del Cine, que tanto trabajo costó conseguir y, luego, poner en práctica. Y, sobre todo, la financiación del cine en nuestro país, que se realiza por medio de dos o tres sistemas. Uno es el 10% de las localidades vendidas, que va al Fondo del Instituto. Después, los cables operadores, las televisoras, las empresas del sector, etc., que pagan un porcentaje por el ingreso que tienen de publicidad, en base a que tienen que pagar el derecho del uso del espectro radiofónico de señal, que es estatal. Entonces, como ellos tienen ganancias por medio de la publicidad que proyectan usando ese medio, le pagan un canon al Estado. Y el tercer aporte es el que se les cobra a las películas extranjeras (a las que llamamos nosotros “los tanques”), donde las cadenas pagan un derecho para proyectarlas en nuestro país, dado que le quitan pantalla al cine nacional. Nadie les prohíbe que vengan, pero, evidentemente, tienen que pagar un canon, que es irrisorio pero que engrosa el fomento del cine nacional. Algunos de esos medios económicos que ingresan al fisco también sirven para solventar, en alguna medida, al Instituto Nacional de Teatro, el Instituto Nacional de la Música, el Fondo Nacional de las Artes, ya que esto afectaría a un espectro más amplio, no solamente a lo audiovisual”.

“Nosotros estábamos atentos a que no quisieran modificar la Ley del Cine, en la que está contemplado el sistema de fomento de la industria cinematográfica. La norma estipula cuánto se le da a los distintos proyectos aprobados en el instituto para que se realicen. Entonces, modificar la Ley de Fomento es quitar al Estado de su participación en la industria cinematográfica. En nuestro país esta industria no se maneja por vía privada, sino que la subvenciona el Estado a través de la correcta administración de los ingresos que sí tienen que pagar los privados por el uso del espacio radiofónico, por las películas extranjeras que se proyectan y por el porcentaje de localidades vendidas. Teníamos miedo de que cambiara eso, por lo cual se convulsionó toda la industria, se realizó una asamblea en el cine Gaumont, símbolo del cine argentino, y todos nos pusimos en estado de alerta y movilización. Los documentalistas, productores, realizadores, técnicos, actores, etc. Y no hubo una bandera política, sino más bien al contrario; muchos de los presentes habían votado a Cambiemos. No era una cuestión política sino institucional”.

K: ¿Hubo una campaña de un sector de la prensa para demonizar a Cacetta y otros funcionarios del Incaa?
DG: “La explicación que dieron de cómo se financia el cine, queriendo hacer creer a la gente que al pagar impuestos, en vez de ir al PAMI, los fondos van a las películas de un grupo de gente, es una burda mentira mediática disfrazada de verdad. Y la gente que no tiene ni idea salió a decir: vos sos un ladrón y por eso no le pagan el 100% de los medicamentos a los jubilados. Lo cual es una falsedad, ya que no tiene nada que ver la caja, como lo acabo de explicar. No sale del Anses, ni de PAMI, ni del ABL, ni de ninguno de los impuestos que pagamos, sino que sale de la misma industria, donde privados tienen que pagar un canon por el uso de estos espacios, o un porcentaje de las entradas, que es un 10% de cada localidad vendida, para que vuelvan al instituto que las financió, o sea, para que vuelva al Estado”.

“La actitud de periodistas como Eduardo Feinmann, Alejandro Fantino, y otros, fue de cuarta. Toda la comunidad del sector hizo una conferencia de prensa en el INCAA en la que se vio, como lo dijo muy bien Luis Puenzo, que en el cine no hay grietas. La grieta, en realidad, es inventada por un sector que no es capaz de anteponer el bien común a sus beneficios particulares. En el sector del cine demostramos que somos capaces de trascender particularidades, ya que muchos de nosotros estamos enfrentados en paritarias y sin embargo, en ese momento, demostramos que la grieta es un invento cuando la ciudadanía piensa en el colectivo social”.

“En estos días salió un comunicado firmado por el ministro de Cultura, Pablo Avelluto, y por los secretarios y ministros de Cultura de las distintas provincias, en el que expresan un firme compromiso de que no van a tocar el fondo de fomento ni las arcas del instituto. No sé, lo que querían hacer es un recambio de funcionarios, lo cual es un problema de ellos, no nuestro. Nosotros no defendemos funcionarios sino a la institución. Si nos gustaba más Cacetta, Rovito u otro, termina siendo anecdótico, lo importante es que el instituto no pierda la autarquía que tiene, que no pierda los ingresos para poder hacer efectiva la Ley de Fomento, que pedimos que se modifique, porque hay que aumentar el dinero que se le otorga a los productores, para que estos, a su vez, no tengan problemas para pagar a los trabajadores de la industria con un salario convenido y homologado, y que se puedan realizar las películas”.

Desde el momento que Feinmann y Fantino montaron la operación de prensa en contra de Cacetta, todos los sectores de la comunidad cinematográfica se pusieron en alerta. Actores, directores, realizadores, técnicos, estudiantes y docentes. Primero es movilizaron a la puerta del cine Gaumont, como cuenta Galíndez, luego a la puerta del edificio del Incaa, sobre la calle Lima, y el miércoles 19 de abril a la inauguración de la nueva edición del Bacifi, una vez más en la puerta del Gaumont. Hasta Viggo Mortensen viralizó un material en el que califica Macri y a Avelluto como fanfarrones neoliberales.

El gobierno, por su parte, luego de echar a Cacetta con latiguillos sobre supuestos casos de corrupción, en seguida salió a cazar a por lo menos dos gerentes vinculados a la gestión anterior: Raúl Seguí, gerente de administración, y Rómulo Pullol, de relaciones institucionales. Luego confirmaron al vice como actual presidente del organismo. Los distintos actores de la industria conformaron la Asamblea Abierta de la Comunidad Audiovisual, con la que muy probablemente den todas las peleas que haya que dar para evitar que la Alianza Cambiemos desguace el cine nacional y los miles de puestos de trabajo que genera la industria.

 


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