Quién es el funcionario que fue a explicar el escándalo Potocar a la Legislatura

Marcelo D´alessandro fue controlador de faltas de Macri, diputado nacional y hace un año volviò al gobierno porteño para controlar el traspado de la Policìa Federal y la creaciòn de la Policìa de la Ciudad.


El primero de febrero de 2016 Marcelo Silvio D’Alessandro regresó al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para tomar una tarea “compleja”.Tras su paso por la Dirección General de Administración de Infracciones y atravesando la mitad de su mandato como diputado nacional, recibió un llamado. Del otro lado del teléfono y sin mucho prólogo, Horacio Rodríguez Larreta le ofreció encabezar el traspaso de la Policía Federal a la órbita porteña y su fusión con la Metropolitana. A más de un año de ese pedido, el secretario de Seguridad se presentó en la Legislatura porteña y se plantó ante la oposición al PRO para defender la gestión local ante la primera crisis policial del alcalde que, con la detención de José Pedro Potocar, repite la historia que vivió Mauricio Macri en 2008 con Jorge “el Fino” Palacios.

LETRAP

D’Alessandro no lo dudó: dejó su despacho en la Cámara de Diputados de la Nación y, aprovechando su vínculo con las fuerzas de seguridad, aceptó estar al frente de proceso de transferencia de competencias, que comenzó una vez que Macri y Larreta firmaron el convenio en la Casa Rosada, junto a sus ministros de Seguridad, Patricia Bullrich y Martín Ocampo, respectivamente.

Su llegada al Parlamento se dio en 2013 en la lista del Frente Renovador, que unió a un pelotón de espacios políticos para “frenar” a Cristina Fernández de Kirchner y que encabezó Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires. En esa nómina también hubo lugar para dirigentes del PRO como Gladys González y Soledad Martínez. Sin embargo, D’Alessandro no es ni macrista ni massista. En esa elección, ingresó como candidato catorce y aportó el sello (Unidad Popular), que ni el tigrense ni el macrismo poseían en territorio bonaerense.

Abogado recibido en la Universidad Católica Argentina (UCA) y catedrático reonocido en el mundillo judicial, D’Alessandro desembarcó en el Ministerio de Justicia y Seguridad de la mano del ex juez federal Guillermo Montenegro, con quien cultiva una relación de años. Hace meses, junto con el embajador argentino en Uruguay, avanzó en la firma de un convenio para intercambiar información entre la Policía porteña y la de la Banda Oriental.

Su carrera en la Justicia le trajo un estrecho vínculo con María Romilda Servini de Cubría, la temida titular del Juzgado Federal N°1. No obstante, su regreso al Gobierno porteño, para tomar el control de la Secretaría de Seguridad, se dio por pedido de Rodríguez Larreta y contó con el aval de Daniel “el Tano” Angelici, que hace años aprueba o veta a cualquier funcionario que trabaje en el ámbito de la Justicia local. A D’Alessandro se le encomendó el traspaso de la Policía y la relación con las distintas fuerzas de seguridad que operan en la Capital, trabajo que orquestó junto al titular de Justicia y Seguridad, el angelicista Martín Ocampo.

El traspaso tuvo varias instancias. Todo comenzó con la firma del convenio, luego se presentaron los proyectos en la Legislatura y el Congreso de la Nación, mientras Bullrich y Ocampo iniciaban una interna incesante que se mantiene hasta la fecha: con Potocar detenido por una causa que investiga el fiscal José María Campagnoli y que se inició por un testimonio de un uniformado federal. Una vez aprobados los expedientes, el Gobierno porteño elaboró una nueva Ley Marco de Seguridad Pública (Ley N°5688) que modificaba la legislación que creó la Policía Metropolitana y estructuraba el traspaso, el marco de funcionamiento y la formación de la Policía de la Ciudad, que fue posible tras la fusión de la fuerza creada por Macri y la Federal traspasada.

Mientras en la Legislatura porteña se negociaba cada artículo de la Ley N°5688, Larreta dejó trascender que estudiaba poner a un civil como jefe de la futura Policía de la Ciudad. Todas las miradas se posaron en D’Alessandro, pero el alcalde se inclinó por Potocar, un graduado del FBI con más de 35 años en la Policía Federal. Para la oposición fue una desazón y hasta hablaron de “derrota” del PRO ante la negociación con la estructura histórica de la Federal, pero el designado no fue objetado por su legajo, sino por el método de designación: el Gobierno utilizó la “trampa” de la nueva ley, que evita los controles civiles y las impugnaciones a la hora de entronizar al primer jefe policial.

La causa que sigue Campagnoli puso en el ojo de la tormenta a Potocar, a menos de tres meses del debut en la calle de la Policía de la Ciudad. Según acusa el fiscal, la Comisaría N°35 (Nuñez y Saavedra) pedía comías a comerciantes de la zona a cambio de “seguridad VIP” y protegía a trapitos. Por esa investigación, se encuentra prófugo y con pedido de captura de Interpol el titular de esa dependencia, Norberto Villareal. Tras un allanamiento en su domicilio, se secuestró una libreta con anotaciones sobre la cadena de distribución de las ganancias de ese sistema de recaudación paralelo que implicaría a Potocar, por ese entonces al frente de la Dirección General de Comisarías.

En la Jefatura de Gobierno juran que no se conocía la historia en diciembre de 2016, cuando fue nombrado Potocar. Rápido de reflejos, Larreta acordó con Ocampo la suspensión preventiva del jefe policial para no entorpecer la investigación de Campagnoli, que logró que el juez Ricardo Farías detenga a Potocar a menos de 24 horas del pedido formal. También por decisión de Larreta y el ministro, D’Alessandro quedó al mando de la Policía de la Ciudad y no el segundo de Potocar, Carlos Kervorkian.

Este viernes cinco de mayo de 2017 el secretario de Seguridad se puso en la piel del abogado que es, pero no para defender a Potocar, sino para respaldar a la Policía de la Ciudad. Lo mismo hizo Rodríguez Larreta días atrás, en el marco de una reunión de gabinete ampliado. La estrategia del Gobierno porteño es clara: si se comprueba que el jefe policial incurrió en un delito se lo quitará de su cargo, pero se hablará de una manzana podrida. Todo gira en torno a “preservar” la “virtud” de una nueva Policía, que llegó para enterrar la vieja y pesada historia de la Federal y de la Metropolitana, aunque sus uniformados son los mismos, sólo que debieron modificar algunas rutinas de trabajo producto de las imposiciones de la nueva gestión.

En lo que va de su gestión, D’Alessandro activó el programa “comisarías cercanas” que implica que los vecinos pueden acercarse una vez al mes a dialogar mano a mano con los efectivos policiales de su barrio y con funcionarios o legisladores del gobierno de la Ciudad. Además, firmó un convenio con la Policía de Nueva York (NYPD) para intercambiar información y compitió con otros países de Latinoamérica para que la Ciudad de Buenos Aires sea la sede anual del entrenamiento del FBI.

El secretario de Seguridad estará a cargo de la fuerza hasta que se esclarezca la situación de Potocar, como advirtió este viernes ante los legisladores porteños. Rodríguez Larreta ya definió que no habrá novedades en torno a si se reemplazará o ratificará a Potocar hasta que no haya una resolución judicial. El juez Farías aún debe indicar si el jefe policial es inocente o no, a pesar de que el ex director de comisarías no se encuentra procesado en la investigación.


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