El Parque Chas de los 60 retratado en un libro

Miguel Angel Russo, en su El Manejante, rinde homenaje a su familia, a sus amigos y a la geografìa que lo rodeaba, en un tiempo sin redes sociales

Por Fernando Belvedere

“Después de escribir estos cuentos, tomé conciencia plena de que las cosas que describo son claras evidencias que me demuestran tal afirmación. Sin darme cuenta, fui llevando al papel una serie de imágenes conexas que atesoraba en mi cerebro de forma desordenada”, dice Miguel Ángel Russo en su prólogo de El manejante.

PARQUECHAS

Tuvimos una conversación con él en un bar del centro, donde nos citamos para charlar de las historias que habitan su libro.

Miguel Ángel Russo nació en el Pasaje que recuerda desde una ordenanza de 1904, al bacteriólogo alemán “Emil von Behring” (1854-1917). Primer Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1901.

“Alguien dijo una vez que, cuando uno llega a una edad avanzada y evoca su vida, ésta parece haber tenido un orden y un plan, tal como si la hubiera compuesto un novelista. Así, acontecimientos que en su momento parecían accidentales e irrelevantes se manifiestan como factores indispensables en la composición de una trama” dice Miguel.

El nombre del libro surge de su sueño de ser colectivero cuando tenía 6 años: “Ya te lo dije la otra vez, tía, voy a ser manejante, ¡manejante!”, repetía a esa edad cuando le preguntaban qué sería de grande. Russo finalmente se recibió de contador.

“El  libro lo gesté a partir de un encuentro con los amigos y gracias al estímulo de mi familia”. Miguel hizo foco en el período de su vida que va desde la infancia hacia la adolescencia. “Los mandatos familiares, las relaciones entre padres e hijos, el grupo de amigos como centro de referencia, los conflictos, las fluctuaciones emocionales, las ilusiones, las risas, los llantos y toda aquella discusión interna que atravesamos para construir nuestra propia identidad, surgieron naturalmente en el relato”, explica.

A lo largo de su narración, Russo va reflejando inconscientemente, el costumbrismo de un estrato social de un barrio específico de Buenos Aires, en este caso puntual, el Parque Chas de la década del 60. Su objetivo fue dejar escrito cómo influenciaron estos simples acontecimientos en su desarrollo personal, desde un enfoque propio, y recolectando recuerdos mucho tiempo después de haberlos vivido.

“A partir de esta propuesta, descubrí que muchas de las cosas que me pasaron -o que me pasan- tienen un sentido. Asumir el riesgo de hacer algo distinto a esta altura de mi vida, como exponer mi intimidad en este libro, así lo prueba”, señala Miguel, que cerró el prólogo del libro citando un fragmento de la película argentina “Caballos Salvajes”, con el cual se siente identificado.

Se puede vivir una larga vida sin aprender nada.

Se puede durar sobre la tierra sin agregar ni cambiar una pincelada del paisaje.

Se puede simplemente no estar muerto, sin estar tampoco vivo,

basta con no amar, nunca a nada, ni a nadie… es la única receta infalible para no sufrir.

Yo aposté mi vida a todo lo contrario.

Y hacía muchos años que definitivamente había dejado de importarme si lo perdido era más que lo ganado.

Creía que ya estábamos a mano, el mundo y yo, ahora que ninguno de los dos respetaba demasiado al otro.

Pero un día descubrí que todavía podía hacer algo, para estar completamente vivo, antes de estar definitivamente muerto.

Entonces, me puse en movimiento.

ViA  Parque Chas Web


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