Otra vez en Retiro:volvieron los manteros a las veredas, aunque ahora sin puestos fijos

Se ubican frente las estaciones de los trenes Belgrano Norte y San Martín. Sin estructuras fijas, cambian de ubiación y tienen menos mercaderías para evitar más fácil los controles. 

Desalojados de algunos de los centros comerciales más importantes de la Ciudad -como Caballito, Once y avenida Avellaneda- los manteros se las arreglan para encontrar resquicios en los controles. Así es que regresaron a las veredas de las estaciones de los ferrocarriles San Martín y Belgrano Norte, de donde habían sido desalojados casi cuatro años atrás, cuando la Ciudad arrancó una serie de obras para mejorar el entorno y darle prioridad a los peatones. Hoy se venden zapatillas y ropa deportiva, carteras, bijouterie, cinturones, indumentaria para chicos, mochilas y enchufes, entre otras cosas. Además hay puestos de comida al paso: jugos, gaseosa, empanadas y sandwiches

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Por el momento, las veredas del Mitre se encuentran liberadas: primero porque son mas angostas, pero además porque el Gobierno nacional se encuentra en un proceso de restauración del edificio y toda la zona está en obra.

Durante muchos años fue un clásico de las grande estaciones terminales. La aglomeración de manteros era tal que los peatones directamente caminaban por las calles. Cuando la Ciudad arrancó con obras de mejoramiento en el entorno de estas terminales, lo primero que hizo fue recuperar el espacio público; sin embargo, sostenerlo en el tiempo puede resultar complicado. En enero de 2016, en Retiro, hubo un gran operativo que terminó con heridos -los manteros arrojaron piedras y la Policía, gas pimienta- y detenidos.

Ahora, poco a poco, algo tímidamente, los vendedores van llegando, colocan su mercadería sobre mantas pequeñas y están alerta. Diego y Nicolás tienen dos cajones llenos de paltas. Dos por $ 15 pesos, ofrecen. Son vecinos de la Villa 31 y se corrió la voz de que los controles son esporádicos: “Pero por las dudas, vinimos solo con dos cajas. Si aparece alguien, agarramos cada uno su caja y nos vamos, caminando tranquilos. Nadie te puede detener por caminar con una caja en la mano”, argumentan.

Aluden al artículo 83 del Código Contravencional de la Ciudad que dispone que “no constituye contravención la venta ambulatoria en la vía pública o en transportes públicos de baratijas o artículos similares, artesanías y, en general, la venta de mera subsistencia que no impliquen una competencia desleal efectiva para el comercio establecido”.

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Desde el Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño aseguraron que se realizan controles periódicos: “En lo que va del año, se hicieron tres. En abril se desalojaron a más de 30 puesteros que vendían mercadería trucha. Dos fueron detenidos”, explicaron. Lo cierto es que las veredas cada vez tienen más manteros. La semana pasada, en una recorrida por la zona, Clarín contó más de 70 manteros. El miércoles, debido a la desconcentración de la multitudinaria marcha contra el 2×1 para los represores, hubo también muchos vendedores que se quedaron hasta la noche para aprovechar el paso de la gente.

“Desde el último operativo -del que participó Ambiente y Espacio Público- no hay mas estructuras. Solo quedan los que venden de manera ambulante. La recuperación del espacio público es prioritaria y se sigue trabajando en lograrlo. El martes se realizó un operativo en Constitución, con lo que el cerco se les achica, por eso se trasladan de una cabecera a otra”, dijeron desde el Ministerio de Justicia y Seguridad porteño.

Sobre las veredas del ferrocarril San Martín, dos hermanitos juegan en la cinta transportadora que colocó la Ciudad en 2013. Funcionó sólo algunas semanas y desde hace años solo junta mugre. Ahora se reconvirtió y algunos manteros la usan como exhibidor. Uno de los nenes se engancha el pie y llama a su mamá llorando, a los gritos. La mamá vende ropa interior: “Trabajé durante años en Caballito, después me fui a Once y ahora estoy acá. Lo mismo hacen muchos otros. Ojalá algún día pueda tener un trabajo estable para dejar la calle”, dijo Olga. Es vecina de Ciudadela y trabaja tres días a la semana, esos días los chicos no van a la escuela. Ayuda a su hijo a quitar el pie del mecanismo y vuelve sobre su manta, para vender corpiños y bombachas.


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