Oscar Trotta: “Remueven a todos los que les impiden avanzar con el ajuste”

El médico pediatra,ex consejero del Garrahan,  recientemente separado del cargo, describe los intentos de cerrar uno de los servicios del hospital, derivar a los pacientes a hospitales privados y contratar a una empresa satelital francesa en lugar de usar el ARSAT-1.

Hace poco más de dos semanas, Oscar Trotta se enteró de que acababa de ser expulsado de su cargo en el Consejo de Administración del Garrahan, al que había ingresado en 2013. Poco después, hizo pública una carta en la que advirtió: “No se me informa por qué. No se me acusa de nada. Es verdad que no tengo el perfil que define a los funcionarios del actual gobierno. Mi patrimonio personal no me permite pertenecer a ese selecto grupo. Pero estoy seguro de que la ‘peor’ referencia, para este gobierno, es haber salido de mi despacho para llevar la asistencia médica, la vacunación y los programas de promotores socio-sanitarios a los que menos tienen, a las villas y los barrios; acercarme a las Abuelas o defender públicamente el presupuesto para el Garrahan”. Sentado en un bar a metros del Garrahan, el médico pediatra explica lo que ocurrió en los últimos tiempos antes de que lo echaran y también da un diagnóstico del sistema de salud porteño. “Los hospitales se privatizan encubiertamente cuando se empieza a priorizar al que tiene cobertura (obra social o prepaga). Y al que no, se lo manda a una lista de espera eterna”, advierte Trotta.

NCIUDAD1-¿Por qué lo desplazaron del Garrahan?

-Bueno, me echan porque ellos quieren avanzar hacia una política de achique y privatización y encuentran en mi persona un escollo. Yo venía oponiéndome a distintas iniciativas que ellos van tomando en la dirección de recortar el presupuesto, achicar las prestaciones que brinda el hospital y redireccionar los recursos hacia el sector privado. Entonces, como yo vengo sistemáticamente oponiéndome a esas iniciativas y negando mi firma, ellos me sacan del cargo para remover un obstáculo.

-En el Ministerio de Salud dicen que era algo que estaba previsto y que lo tenían que reemplazar.

-No. Fue intempestivo: me avisan que dejo el cargo el mismo 28 de abril y me traen el decreto firmado y publicado. Desde diciembre de 2015 hasta marzo de 2017, a mi me confirmó en el cargo el secretario de políticas e institutos, que es el secretario que está por debajo de Lemus y de quien depende el Garrahan. Yo fui reiteradas veces confirmado en el cargo. Eso de decir que mi cargo estaba vencido, que era necesario removerme es un artilugio que utilizan para desvirtuar la decisión política de haberme corrido. Han removido a todos aquellos que no condicen con la estrategia de ellos de recorte presupuestario y de achique. Lo han hecho con propios y extraños: lo sacaron a Carlos Regazzoni del PAMI, la sacaron a Patricia Rosenberg de la Maternidad Carlotto de Moreno, le pidieron la renuncia a Arnaldo Medina, que era el director médico del hospital El Cruce. Ellos remueven a todos aquellos que no permiten avanzar hacia el recorte presupuestario y el achique de prestaciones.

-Concretamente, ¿ tuvo una discusión por los cambios que le querían hacer al Programa de Telemedicina Pediátrica?

-Esto comenzó cuando vino Macri a inaugurar el programa de telemedicina, al que le pone otro nombre, Telesalud, aunque en verdad ya existía hacía cinco años. Y este año teníamos que avanzar en el convenio hacia el uso del ARSAT. El programa atiende pacientes alejados de la Ciudad: el paciente –un chiquito trasplantado, por ejemplo- con sus padres, en vez de hacerse los controles acá, se los hace con un médico en su provincia y en consulta vía audio y video con los especialistas del Garrahan. Eso descongestiona el hospital y les ahorra costos de viajes a las familias. Hasta ahora es por fibra óptica, la idea era ampliarlo al satélite para los lugares donde no llega la fibra óptica, vía ARSAT-1. Cuando Macri deja inaugurado ese nuevo programa, empiezan a sugerirnos que desistamos del acuerdo con ARSAT y que veamos la posibilidad de contratar a dos satélites franceses que pertenecen a la empresa multinacional Thales. Era entre tres y cuatro veces más caro que el mantenimiento del ARSAT.

-¿Thales es la misma que estuvo involucrada en el escándalo de corrupción con Menem?

-No le sigo la carrera en detalle, pero sí.

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¿Y quién les sugiere hacer esto?

-Lo plantea la gente que estaba al frente del programa de telemedicina. Lo sugieren: que el Ministerio de Modernización vería con agrado que nosotros veamos la contratación de estas frecuencias con estos satélites. Lo empiezan a sugerir. A lo cual, yo me opuse. Les dije que no iba a firmar ese convenio con una empresa multinacional y que, encima, lo iba a denunciar. No se avanzó más en ese tema. Nunca más se volvió a hablar, pero tampoco se firmó el convenio con ARSAT. Quedó stand by ese siguiente paso del programa, que era la conexión satelital.

-¿La persona que lo reemplaza como consejero del Garrahan, Roberto Debbag, intervino en esa discusión por el ARSAT?

Debbag es el que estaba a cargo del proyecto de telemedicina desde 2014 y empezó a comentar la propuesta que te mencionaba. Luego, en diciembre de 2016, nos llega una propuesta informal de cerrar el servicio de trasplante cardíaco, que dirige Horacio Vogelfang, que es un prestigioso cardiocirujano. Proponían meterlo dentro del servicio de cardiocirugía general. Quien primero se opuso fue Vogelfang, quien explicó que en ninguna parte del mundo están juntos: los cirujanos cardiovasculares generales no tienen la técnica del que implanta un corazón. Son cosas completamente distintas. Tampoco lo es la compra de insumos, la relación con los donantes. Si hacen eso, la lista de espera aumentaría.

-¿Y cuál era el sentido?

-Claramente, iba a ser un ajuste presupuestario en materia de insumos y también seguramente de recursos humanos, porque iban a pretender que un cirujano cardiovascular cumpliese la función en ambos servicios: operar en las cirugías que aparezcan y además ser parte del equipo de trasplante. Al cirujano lo sacas de su especialidad y lo mandas a tener que perfeccionarse en otras cosas. Para nosotros no tenía sentido cerrar un servicio y el impacto sanitario iba a ser negativo. Entonces, empezamos a indagar en los motivos. Y nos contestan: “Bueno, pero hay otros prestadores privados que pueden hacer bien este servicio”.

-¿Se privatizaba?

-Más bien se derivaba la demanda hacia el privado. Entonces, el planteo iba a ser: “Acá no lo hacemos. Andá al Hospital Italiano, que te lo hacen”. Así te van derivando la demanda al Italiano. Cualquier padre es capaz de hipotecar su casa para que lo atiendan bien a su hijo. Y los que no tengan posibilidad económica alguna irán a la lista de espera. El tema acá es que para ellos que tengan que ir al privado es natural y para nosotros, no.

Trotta estudió medicina en la UBA y se especializó en pediatría. Hizo su residencia en el Hospital Durán y luego fue pediatra en el CESAC 22, en Chacarita. “No teníamos las condiciones mínimas para atender. Teníamos que turnarnos para usar el consultorio”, recuerda. Allí hicieron un trabajo territorial con la incipiente Villa Fraga. También censaron a discapacitados y embarazadas e hicieron una campaña de vacunación con cartoneros y seguimiento de niños con desnutrición. “Fue un alivio cuando llegó el Plan Remediar en 2002”, recuerda. Antes los diagnosticaban y el paciente no tenía plata para los medicamentos: se iban a la casa y contagiaban al resto de la familia. “A partir del Remediar, le dábamos el medicamento. Nos solucionó un montón de problemas”. En 2013, se presentó para ser consejero en el Garrahan. Lo nombró el entonces ministro de Salud, Juan Manzur. Estuvo en el cargo hasta fines de abril de este año. Trotta inauguró una serie de actividades del Garrahan en villas y barrios del conurbano, que incluían campañas de vacunación, controles de salud pediátrico, curso de promotores sanitarios entre los vecinos (para que detecten problemas de salud y no lleguen tarde a consultar), campañas de alimentación saludable y de abordaje de adicciones y violencia de género.

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-¿Cuáles son los antecedentes del nuevo presidente del Consejo del Garrahan, Carlos Kambourian?

Kambourian es un médico pediatra de 40 años que fue, primero, director del hospital de Malvinas Argentinas con Jesús Cariglino. Llegó con un marketing sobre el hospital, donde anunciaba –por ejemplo- que era el primero con un robot que te operaba. Era un maquillaje, porque allí fue denunciado por privatista. En ese hospital, se privilegiaba a los pacientes que iban con prepaga o con obra social. Tenían turnos preferenciales en el hospital público por sobre los que no tenían cobertura, como si fuera un prestador privado más. Eso fue denunciado por los trabajadores del hospital y Kambourian tuvo que renunciar. Pero Nicolás Ducoté, el intendente de Pilar, lo lleva como secretario de Salud. Inauguran un hospital odontológico y cuando empieza a atender, te empiezan a cobrar aranceles de las prestaciones. Era un hospital público que cobraba. Eso le valió una denuncia de los concejales de Pilar y nuevamente tuvo que dejar el cargo. Pasó a ser asesor en el Ministerio de Salud nacional hasta que en abril de este año lo designaron presidente del Consejo. Lo que se sospecha es que, con ese perfil privatista que trae, al hospital lo va a llevar para el mismo lado.

-¿Kambourian y Debbag responden a algún sector específico de Cambiemos?

-La versión es que son de Mario Quintana. Otros dicen que responden a Andrés Ibarra, de Modernización.

-¿Cómo fue el proceso de discusión por la financiación del Garrahan entre Nación y Ciudad?

-Durante el Gobierno de Macri en la Ciudad, siempre le recortó presupuesto al Garrahan. El acuerdo original es que la Ciudad ponía el 50 por ciento y la Nación ponía la otra mitad. El Garrahan es autárquico en la administración de ese presupuesto. Ahora hicieron un nuevo acuerdo: la Nación pone el 80 por ciento y la Ciudad, pone el otro 20 por ciento.

-¿Por qué se cambia la proporción?

-Eso fue una decisión política de Macri. Ellos argumentaban que ponían el 50 por ciento de los recursos para el funcionamiento del hospital y los ciudadanos porteños que se atendían eran alrededor del 16 o 17 por ciento. La lógica fue: pago lo que uso. De ahí surge la iniciativa de que pase a aportar el 80 por ciento la Nación. Además, estuvo la transferencia de la policía con los recursos. Lo que hay que estar atentos es que esto no termine en que les descuenten a las provincias de la coparticipación. Porque con esa lógica, pueden terminar diciendo que como el Garrahan atiende a la población de las provincias, que las provincias las sostengan.

Trotta milita en el peronismo desde los 15 años. Empezó militando en su barrio (Pompeya) y luego fue presidente del Centro de Estudiantes del profesorado de Educación Física (también es profesor de educación física). Después militó en la Facultad de Medicina de la UBA. Hoy es coordinador de la mesa multisectorial de salud de la Ciudad y presidente del Observatorio de Políticas Públicas de la Ciudad de Buenos Aires. Tras su despido, quedó al frente del Instituto Revisor de Políticas Sociales y Acceso a la Salud, de la Defensoría del Pueblo. “Se va a encargar de supervisar las políticas sociales que se aplican en la Ciudad. Lo que vamos a buscar es medir el impacto para que corrijan las deficiencias antes de que se produzca el reclamo de la población. La idea es actuar preventivamente”, indica Trotta.

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-¿Cómo ve hoy el sistema de salud porteño?

-El sistema de salud de la Ciudad históricamente sufre de falencias que deberían resolverse con un proceso de atención que sea progresivo. Lo que se necesita es desplegar un sistema de atención primaria. Hoy hay 13 hospitales general de agudo y 33 hospitales en general. Esto es una capacidad instalada muy importante. Pero tiene 45 centros de salud de atención primaria, cuando la lógica indica que tendríamos que tener cinco centros por cada hospital. O un centro cada 2500 familias, con los equipos básicos. Por ejemplo, en la Comuna 7, que tiene 200 mil habitantes, tendría que haber 20 centros de salud. Y tendrían que ser el primer lugar donde la población se va a atender. Y no que la gente tiene una angina y se va a la guardia del hospital, que tendría que estar reservada para las situaciones de gravedad y emergencia. Pero además requerirían un centro de diagnóstico y tratamiento asociado. Te doy un ejemplo: si yo como pediatra me encuentro con un paciente que puede tener un tumor en algún lugar del cerebro y necesito hacerle una tomografía y lo mando al hospital para que lo vea otro médico y la tomografía tarda 3 meses y después tarda otros 3 meses en hacerle la cirugía, entonces el circuito burocrático no me permite hacer el tratamiento que requiere ese caso.

¿Cómo encuentra la infraestructura de los hospitales?

-No tiene actualización ni renovación y no es acorde a los estándares internacionales. Los hospitales no están en buenas condiciones. No hay, por ejemplo, una agencia de tecnología que analice si lo que nos vienen a vender es lo que realmente necesitamos. Tenemos una colonización a través de la industria farmacéutica, que es la segunda que más factura a nivel global, después de la industria de las armas. Pensá que uno de los accionistas mayores de la industria farmacéutica es Paul Singer, de un fondo buitre internacional. Es accionista porque encontró un lugar donde las ganancias son exorbitantes. A su vez, también hay que decir que la Ciudad tiene buenos recursos humanos: hemos tenido tres premios Nobel. Vienen de todo el mundo a capacitarse.

-No obstante, ¿no hubo recortes de suplencias y demoras en los concursos para cubrir cargos?

-En eso la Ciudad tiene muchas posibilidades de funcionar mejor. Terminan dejando desarticulada una guarda, porque no nombran a la gente. O como hicieron en el Durán, que abrieron una guardia de terapia intensiva pediátrica y no nombraron personal. A los seis meses, la guardia estaba cerrando. ¿Por qué? Porque los tres médicos que cubrían los siete días de guardia terminaron renunciando. Hacían guardia día por medio.

-Con tu experiencia en los hospitales, ¿cómo funciona la relación con la industria farmacéutica?

-Las farmacéuticas cooptan a los jóvenes médicos a partir de llevarlos en viajes internacionales, llevarlos a conocer sus plantas en el extranjero, darles bibliografía. Son diferentes métodos de cooptación. Empieza ya en la residencia. Hay médicos que reciben algún beneficio a partir de la cantidad de prescripción que hacen de un cierto medicamento. O le mantienen el auto o le pagan el seguro o la nafta. Las empresas farmacéuticas hacen eso. Cuando la salud está mercantilizada, pasan estas cosas. Todo tiene que ver con cómo se hace más plata con la salud.

Fuente: Nueva Ciudad


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