La partida de Manes desató duras sospechas sobre las razones del portazo

Con su partida el neurocientifico cosecho un creciente malestar dentro de Cambiemos que aun no cesa. El desdén que le prodigaba Macri y las versiones que giran en torno de la charla final con Vidal. 

Desde que Cambiemos oficializó sus listas en todo el país, quedaron algunos sabores amargos en el paladar electoral del oficialismo. El primero, menos intenso, tuvo que ver con la imposibilidad de evitar la realización de internas en todo el país, como lo había ordenado el Presidente. El segundo, mucho más denso, no deja de ser masticado alrededor de la gobernadora bonarense María Eugenia Vidal, gracias al inesperado portazo que pegó el médico especialista en neurociencias Facundo Manes, que se habría negado a ser relegado en la lista para diputados nacionales.

LETRAP

“No aceptaba nada que no fuera el primer puesto en la lista, y esa es una razón de más para no contar con él”, disparó un colaborador de Vidal durante el fin de semana, al calor de la tormenta de preguntas que surgieron desde el viernes. Cuando la bronca de la gobernación y de la Casa Rosada comenzó a destilar por distintos medios, Manes rompió el silencio, como quien utiliza una carta pública para recordarle a su jefa política que no es mudo, y que podría hablar.

El mensaje que Manes escribió desde su cuenta personal de Facebook, bajo la atenta corrección de sus colaboradores más cercanos, fue una de las noticias más leidas en medio del cierre de listas de este fin de semana. El renunciante a la candidatura a diputado nacional por la Provincia se justificó mediante una cuidadosa carta, pero los dardos epistolares incomodaron aún más a los críticos que ahora tiene dentro del oficialismo, que este lunes repitieron y difundieron sus cuestionamientos al hombre que, hasta hace una semana, era parte del “cambio”.

En su carta, Manes remarcó sus argumentos sobre el portazo, pero no contó el contenido de la charla que mantuvo con Vidal. “A propósito de esto, aprovecho para aclarar algo en particular, porque aunque se diga que “así es la política”, no creo que sea dar información falsa y malintencionada de que mi no aceptación tuvo que ver con tal o cual lugar en la lista”, escribió el actual rector de la Fundación Favaloro, pero en ningún momento dijo qué fue lo que habló. En su lugar se limitó a aclarar: “En las condiciones dadas, hoy el mejor lugar para aportar mi granito de arena es desde la sociedad civil, a través de mi tarea como médico, investigador, docente y ciudadano comprometido con mi país”.

Mientras las heridas siguen sin cicatrizar (quizás al calor del desconcierto que provocó  dentro del Gobierno), los crujidos de la interna que atraviesa al oficialismo ofrecen lecturas alternativas sobre el “renunciamiento”. Algunos funcionarios que todavía no salen de la sorpresa por la inesperada partida, repiten con insistencia que el malestar de Manes no tuvo que ver con una postergación en la lista, sino con el financiamiento de la campaña que deberá afrontar Cambiemos apenas arranque. Por ahora se desconoce quiénes estarán a cargo de la recaudación de fondos para pagar el enorme despligue que el oficialismo pondrá en marcha, pero se descuenta que cada uno de los postulantes deberá hacer sus aportes, además de la maquinaria financiera que, antes de la llegada de Cambiemos a la Casa Rosada, estuvo en manos del empresario y amigo presidencial Nicolás Caputo, y su mano derecha, y ex ministro de Producción, Edgardo Cenzón.

Ante las consultas de Letra P al respecto, los voceros oficiales bramaron incómodos ante la hipótesis alternativa sobre el portazo de Manes, y recordaron que el mayor crítico del neurocientífico es el presidente Mauricio Macri, que siempre cuestionó el perfil del especialista y, también, a Vidal por prodigarle semejante confianza y estima. Cuando Manes dejó pedaleando en el aire las ambiciones electorales de su propio partido, Macri le recordó a sus interlocutores de confianza sus viejas críticas. Ahora, son parte de un discurso unificado que suena a vendetta y que señala a Manes como “un ególatra que bien podría llamarse a silencio”.


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