Hepatitis: casi 500 pacientes graves dejaron de recibir tratamiento

El Ministerio de Salud desarticulo el Programa Nacional de Control contra las Hepatitis Virales y por una disputa farmacéutica dejo de comprar un antiviral efectivo. 

Cerca de 500 personas con hepatitis C, que integran un listado oficial de pacientes cuya salud se encuentra en grave riesgo, siguen esperando desde hace más de un año que el Ministerio de Salud de la Nación compre los medicamentos que necesitan y existen para tratar su enfermedad. Al reclamo que hace un mes le hicieron al ministro de Salud Jorge Lemus la Fundación HCV Sin Fronteras y la Asociación Argentina para el Estudio de Enfermedades del Hígado, ahora se suma el informe elaborado por la Fundación Soberanía Sanitaria (FSS) en conjunto con la Fundación Grupo Efecto Positivo (FGEP).

DIARIOZ

Todas estas organizaciones médicas y de pacientes reclaman lo mismo: que se garantice de manera urgente la provisión de los tratamientos. El ministro Jorge Lemus respondió a los diversos pedidos afirmando que existe una licitación pública en curso, pero recién fue publicada en el Boletín Oficial el 24 de julio, “por lo que en el mejor de los casos no se contará con medicación hasta septiembre”, advierten desde FSS.

En la Argentina no existe un registro suficientemente completo para definir la prevalencia de la Hepatitis C, pero se infiere que hay unas 600 mil personas infectadas en el país. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) estimó que para 2015 había 332 mil casos, de los cuales solo estaban diagnosticados un 35%. El Programa Nacional de Control de las Hepatitis Virales, desarticulado por el Ministerio de Salud de la Nación de esta gestión, se encargaba no sólo de comprar y distribuir la medicación necesaria, sino también de rastrear a los pacientes en todo el país.

“Dado que la medicación es producto de una gran especulación financiera y que desde que asumió la nueva gestión el Estado Nacional no ha realizado nuevas compras, la población enferma no tiene garantizado el acceso a su curación y la lista de espera continúa en aumento”, denuncian desde FSS y FGEP.

A partir del 2013, han surgido en el mercado medicamentos que incrementan las tasas de curación con una tasa muy baja de efectos adversos. El más conocido y recomendado en el mundo es el sofosbuvir, inventado por Pharmaset Ltd, que en 2011 fue adquirido por Gilead Sciences. Actualmente, ese laboratorio comercializa el medicamento bajo los nombres comerciales de Sovaldi y Virunon.

Desde que se aprobó el sofosbuvir en los países del primer mundo a fines de 2013, la empresa Gilead recibe numerosas críticas debido al alto precio de cada pastilla y a su variación de acuerdo al PBI del país donde fuera a ser comercializada. En promedio, el precio de venta fue de 1.000 dólares por pastilla, representando un costo total de 84 mil dólares para el tratamiento completo.

Pero el sofosbuvir también se comercializa por otras compañías de genéricos a lo largo del mundo bajo distintos nombres, que tienen una diferencia sustancial en el precio. Por ejemplo, el de industria nacional producido por el laboratorio Richmond, que ofertó el tratamiento en $19.600. En la Argentina, desde septiembre de 2015, están autorizados por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) tanto la droga comercializada por Gilead-Gador como la de Richmond.

Un estudio realizado por profesionales del Hospital Italiano de Buenos Aires, con 140 pacientes, la mitad tratados con el genérico y la otra con la droga de Gilead-Gador, reflejó que ambos grupos obtuvieron la misma tasa de curación.

“Con la finalidad de obtener la exclusividad en el mercado argentino y así cobrar precios extorsivos, la empresa estadounidense Gilead ha presentado ante el organismo a cargo del otorgamiento de patentes, el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INPI), varias solicitudes de patentes sobre sofosbuvir, que aún se encuentran pendientes de resolución”, sostiene el informe de la Fundación Soberanía Sanitaria.

Mientras, el Ministerio de Salud no realiza nuevas compras ni distribuye tratamientos desde abril de 2016, cuando sólo se hizo una ampliación de un stock que debe haberse terminado hace seis meses, denuncian desde FSS. El abandono de estos pacientes es mortífero. La falta de medicamentos puede generar infecciones avanzadas como cirrosis o cáncer hepático. La falta de reactivos imposibilita su diagnóstico y evaluación.


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