Cannabis medicinal: “el dolor no puede esperar”

El pasado martes se realizó en el Centro Cultural Casa Gatica una la charla sobre Cannabis Medicinal organizada por la mesa de salud de La Cámpora en la Ciudad de Buenos Aires.

En encuentro contó con la presencia de Carlos Magdalena, jefe a cargo de la sección de Neurofisiología y Epilepsia del Servicio de Neurología del Hospital Ricardo Gutiérrez; Valeria Salesch, presidenta de Mama Cultiva: Pablo Pérez, integrante de Mama Cultiva; Luis Osler, abogado penalista de CECCA, y Victoria Baca Paunero, abogada penalista y defensora oficial.

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Hace cerca de dos años, organizaciones sociales, especialmente las madres de niños con patologías muy graves y discapacitantes, presentaron una demanda social por el derecho a la utilización medicinal del cannabis. Interpelación que conmovió a gran parte de la sociedad argentina.

Se empezaron a escuchar voces de asociaciones civiles, como Mama Cultiva y Cannabis Medicinal Argentino, que movilizaban a miles de familia bajo la consigna “El dolor no puede esperar”. Quienes acompañaron todo ese proceso se sorprendieron de que miles de personas de todas las edades que participaron, tanto quienes padecían enfermedades, como sus familiares, jóvenes solidarios organizados en agrupaciones, estudiantes, trabajadores de la salud, entre otros. Todos ellos, fueron testigos de un gran movimiento social que se empoderó del conocimiento y el uso de una sustancia derivada del cannabis o marihuana (thc, cbd) con fines terapéuticos.

Más de 45 aplicaciones medicinales con evidencia internacional, y también local, su uso regulado por el Estado en países avanzados y en Latinoamérica, el respaldo del conocimiento desde el siglo pasado del Sistema Endocannabinoide por prestigiosos científicos, junto con los testimonios de familiares y médicos, fueron el fundamento para avanzar con este reclamo.

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“El dolor no puede esperar” y “cannabis medicinal ya”, fueron los reclamos que más se escucharon, poniéndole voz a la necesidad de una Ley que regule por parte del Estado el uso de esta fitoterapia permitiendo el acceso a todas las familias que la reclaman para mejorar la calidad de vida devastada por enfermedades crueles y crónicas, como Cáncer, dolor neuropático severo, esclerosis múltiple con espasmos dolorosos con alto padecimiento, parálisis cerebrales, Párkinson, autismo severo con graves disturbios conductuales, entre otros.

Valeria Salesch, presidenta de Mama cultiva dijo: “Nuestro trabajo es revolucionario porque rompe con el modelo médico hegemónico y el poder de los laboratorios; y porque somos las madres quienes con nuestras manos producimos algo que le da bienestar a nuestros hijos”.

Esta ley debía contemplar la producción pública por los laboratorios estatales garantizando su acceso masivo y gratuito; respetando y contemplando el Derecho al Autocultivo Solidario, Cooperativo, Colectivo y Familiar que vienen realizando miles de familiares, madres y cannabicultores solidarios y que hasta ahora es la única forma de contar con esta medicina. Tal como especificó Pablo Pérez: “El cultivo debe ser solidario porque creemos en la sustancia terapéutica como un bien social”.

Las formas importadas a la fecha son para un reducido espectro y su costo restringe su obtención. Organismos como el INTA, el CONNICET y las Universidades otorgan el marco de bioseguridad y excelencia tanto para la producción estatal como la surgida del autocultuvo familiar y solidario de los cannabicultores.

En relación al contexto legal previo, Victoria Baca Paunero refiere: “Esta política es injusta y patriarcal; injusta porque afecta a los que menos tienen ya que el acceso a los medicamentos se limita desde lo económico; y patriarcal porque son las mujeres madres las que frente a la enfermedad de sus hijxs tienen que dejar sus trabajos para dedicarse al cuidado de los mismos”.

Es así que entre diciembre de 2016 y marzo de 2017 fue sancionada la primera Ley de Cannabis Medicinal de argentina N° 27.350, aprobada casi por unanimidad en ambas cámaras.
Una Ley que sin duda es un logro en lo cultural permitiendo instalar en la sociedad otra visión, deconstruyendo el sentido común.

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Una ley que si bien es un gran avance por el reconocimiento de la práctica, el fomento de la investigación y capacitación no contempla el autocultivo. La reglamentación que se estaría discutiendo para avanzar y aplicar por el Gobierno terminaría de borrar con el codo los avances en los artículos que contemplaban accesibilidad, gratuidad y posibilidad de cultivar a las familias.

En este sentido Luis Osler manifestó: “El cultivo y el uso es un derecho amparado constitucionalmente, necesitamos que la reglamentación de la ley exprese el espíritu con que fue concebida la misma”.

Por su parte, Carlos Magdalena, dijo: “El cannabis puso en jaque a la relación médico-paciente, rompiendo con las relaciones de poder establecidas donde es el paciente quien le enseña al médico lo que es mejor para él. Acá el saber lo tienen los familiares y la salud es política”.

El reclamo de Cannabis Medicinal surgido desde las entrañas de los que sufren, desde abajo, moviliza a un Sistema de Salud obsoleto, inequitativo, inaccesible, expulsivo, que debe democratizarse y responder a las necesidades populares. Un reclamo que va unido al reclamo al Derecho Humano a la Salud. Quizás ese sea más del reclamo puntual, el punto más trascendente. Sin duda el dolor no puede esperar.


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