En la Ciudad hay 200 fiestas en boliches no habilitados por fin de semana

Este cuadro lo describe la cámara de empresarios de discotecas de la Ciudad de Buenos Aires (CEDEBA), cuyos asociados desarrollan la actividad dentro del marco legal y, según afirman, están perdiendo el trabajo por culpa de los boliches “ilegales”.

Apretados en lugares que no tienen salidas de emergencia ni matafuegos, en los que no hay médicos ni ambulancia. En riesgo de verse involucrados en peleas, y en muchos casos sin personal de seguridad que controle el acceso y la permanencia. Manejando por toda la Ciudad en busca de lugares que violen los horarios de cierre. Así es el escenario en el que miles de jóvenes, cada fin de semana, buscan diversión sin reparar en que su seguridad está en peligro. Se trata de los bares o cafés que desvirtúan el rubro. Estiman que sólo en la Ciudad hay unos 200 donde se organizan fiestas en lugares que no están habilitados para tales fines.

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Este cuadro lo describe la cámara de empresarios de discotecas de la Ciudad de Buenos Aires (CEDEBA), cuyos asociados desarrollan la actividad dentro del marco legal y, según afirman, están perdiendo el trabajo por culpa de los boliches “ilegales”.

“La situación se agrava de manera sostenida y por eso pedimos que Horacio Rodríguez Larreta nos reciba para que podamos colaborar con las autoridades en solucionar este problema”, arranca Jorge Becco, presidente de la entidad. “Además, muchos legisladores deberían sentarse con quienes sabemos del tema para tratar de buscar un marco normativo que se ajuste a la realidad: el actual surgió tras Cromañón y sirvió para la emergencia, pero más de una década después lo que hace es favorecer la proliferación de los ilegales, que hoy nos doblan en cantidad. Muchos legisladores nos miran por encima del hombro y nos dicen que el problema es la falta de control, no las leyes. No tienen idea de lo que están hablando. Acá hay que reformular el sistema de raíz”, enfatiza Becco.

Una de las exigencias de la norma que regula a los locales Clase C (los boliches bailables) es que los chicos pueden ingresar hasta las 4 de la mañana, y que la última gota de alcohol se vende a las 5. “Esto es un sinsentido. Yo le pregunto a los funcionarios y a los padres qué prefieren, ¿que sus hijos permanezcan en un local habilitado y tomen allí hasta el cierre, o que a las 5 se suban a un auto, vayan a comprar alcohol a cualquier lado y tomen en la vereda, o que se metan en un boliche trucho y tomen cualquier cosa y hasta cualquier horario? En los adolescentes lo prohibido es un desafío y con estas restricciones los estamos impulsando a ponerse en peligro. Desde el 2009 hasta ahora, los clandestinos aumentaron un 200%”, plantea Becco.


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