Por qué estar a favor del aborto es estar a favor de la vida

El Aborto existe y se practica habitualmente. La lucha por el derecho al aborto busca que la mujer gestante deje de morirse en centros clandestinos. 

Por Malena Montes

En todos los países desarrollados, el derecho al aborto legal, seguro y gratuito está contemplado en la Constitución, como derecho excepcional a toda mujer a decidir sobre su cuerpo. No obstante, en la Argentina, un grupo “nacional” busca ahora frenar la lucha que la “Campaña nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito” viene ejerciendo hace casi veinte años, bajo el pretexto de “dar voz” y “proteger” a los “no nacidos”.

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En un país donde el aborto existe y se practica habitualmente, resta cuestionarse por qué alguien debería marchar a favor de la vida. La lucha por la legalización del aborto está basada justamente en lo mismo que pretenden “defender” los Pro vida: la vida. La diferencia está, claro, en qué vida priorizan unos sobre otros.

La lucha por el derecho al aborto busca que la mujer gestante deje de morirse en centros clandestinos, donde dos mujeres por día acuden de manera desesperada a quitarse del vientre la imposición social de un rol que no desean. Esa muerte representa la primera causa de muerte de las mujeres gestantes en la Argentina.

Pero no todas las mujeres corren la misma suerte. Quien disponga de 20 mil pesos para practicarse un aborto, lo podrá realizar en clínicas privadas, seguras y limpias, y en manos de profesionales de alta excelencia. Las que dejarán su vida o su última posibilidad de reproducirse en el futuro serán entonces las más pobres.

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Entramos así en una historia que lejos tiene que ver con ideologías o creencias. Estamos hablando de una realidad, de un Estado ausente que es deficiente en la enseñanza de educación sexual y punitorio hacia aquellas que sean víctimas de su propia falencia.

Pero volvamos al concepto de “vida”. Ese es el punto inicial de discusión del que parte toda la problemática sobre el aborto. Discutida y analizada por siglos, “la vida” aparece como argumento cuasi intocable cuando se trata de profundizar ciertas problemáticas que perjudican a nuestra sociedad, como es la prohibición del aborto. ¿Tenemos ‘vida’ sin decisión? ¿La vida es individual o colectiva? ¿La vida es si otras no son? En un país donde se practican 800 mil abortos por año, ¿la vida de quién importa? ¿La de las ricas que abortan sanas y limpias, o la de las mujeres que mueren en centros clandestinos?.

El aborto legal, seguro y gratuito es un derecho que debería tener toda mujer del mundo. La “Campaña nacional por el derecho al aborto” plantea: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir. A continuación, diez razones por la cual luchar por el derecho al aborto significa luchar por la vida:

1.TODOS DEBERÍAMOS PODER DECIDIR SOBRE NUESTRO PROPIO CUERPO

El embrión que se desarrolla dentro del cuerpo de la mujer no podría convivir fuera de ella misma. No se desarrolla y no nacerá fuera del útero materno, por tanto, el cuerpo de la mujer es el punto central del debate, no la “vida” de un conjunto de células, es decir, del embrión.

Si el embrión no puede subsistir por fuera de la mujer, entonces cuidar su cuerpo es esencial. Y si de su cuerpo se habla, entonces también tiene derecho a decidir sobre él. No es una persona, es un cuerpo, y es el cuerpo de la mujer.

El aborto seguro y eficaz se puede practicar durante el primer trimestre de embarazo, es decir, hasta la semana 12. Durante todo el tiempo previo, se puede abortar con la ingesta de pastillas como el Misoprostol, sin necesidad de intervención quirúrgica.

El sistema capitalista pone énfasis sobre el cuerpo de las mujeres y lo castiga y alecciona constantemente. Marx decía que cuando trabajamos, la persona es “expropiada” de su cuerpo y lo pone en función del conflicto social por la conquista de los medios de producción. Ello explica que una mujer no pueda decidir sobre su propio cuerpo, en una ideología que busca sobrevivir bajo mandatos sociales patriarcales que ubican a la mujer en rol de “madre” y como mano de obra gratuita para el cuidado de las futuras generaciones y del hogar.

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Otro punto interesante cuando se piensa en el cuerpo de la mujer es que su deseo, disfrute y placer pareciera ser un problema. Muchos son los que opinan a favor del aborto “solo en casos de violación”, dejando en evidencia que el problema es que la mujer haya disfrutado la relación sexual y como castigo debe concebir nueve meses en su cuerpo algo que no deseo y que será para toda la vida. Bajo esta lógica demencial, la mujer violada, es decir, que no disfrutó el encuentro sexual, podrá decidir sobre su cuerpo. En todo caso, la decisión sobre el cuerpo es un ejercicio continuo, no un momento; la decisión es la premisa central de nuestras vidas.

2. LA VIDA DE LA MUJER ES IMPORTANTE

Cuando hablamos de vida, hablamos del existir de todo ser vivo. El derecho al aborto pretende salvar a las mujeres que abortan de manera clandestina, y que forman entre todas la primera causa de muerte en la mujer gestante de la Argentina.

Los grupos “Provida” hablan de vidas de bebés, pero se olvidan de la vida de la mujer. Una mujer que tiene amigos, planes, quizás un trabajo o un viaje en mente. Cuesta pensar que una persona se sienta más identificada con un conjunto de células que con una persona que podría ser su amiga, su compañera de trabajo o su hermana. La clandestinidad (y no el aborto que es una intervención sin riesgos) se lleva el 18 por ciento de las muertes por embarazo, parto o puerperio.

La vida de todos importa, la de la mujer también. Lo que no es persona, no necesita “voz” ni que lo defiendan. No existen. Como cuando la reconocida feminista Malena Pichot cuenta en su show de Stand Up que los anti abortistas le dicen “si no hubieras nacido, no estarías acá”, y re pregunta con astucia y su humor característico al ridículo argumento: ¿Cómo puedo lamentarme de no haber nacido si no existo? Gracias, Malena.

3. ES UN NEGOCIO MILLONARIO QUE DEJA MÁS MUERTE QUE VIDA

En la actualidad, médicos de reconocidos hospitales y con prestigio profesional de larga trayectoria cobran entre 20 y 30 mil pesos por practicar abortos. Los mismos son seguros y no dejan ninguna secuela física ni psicológica para la mujer que lo realice, pudiendo concebir en el futuro sin ningún problema.

Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, en nuestro país se practican entre 460.000 y 600.000 abortos clandestinos, sin sumar los que nunca llegan a contabilizarse en los datos oficiales por su  mismo carácter de clandestinidad. La clandestinidad, como queda demostrado, no hace que no exista, sino que logra que las mujeres con mayor poder adquisitivo tengan derechos y las que no, no. No hace falta resaltar aquí que los derechos humanos son para todas y todos, ¿no?

4. NADIE QUIERE ABORTAR

La presión social y el estigma es duro para cualquiera que se sienta parte de este mundo. La mujer tiene a nivel mundial menos acceso a la educación y al trabajo remunerado que un hombre. En la actualidad, habiendo tanto prejuicio sobre el aborto y con la influencia católica más fuerte que nunca, no es fácil para ninguna de las 800 mil mujeres que abortan en la Argentina decir que lo hicieron. Si no son fuertemente despreciadas por hacerlo, reciben silencio castigador por parte de sus interlocutores. La falta de información no solo mata, sino que a aquellas que deje con vida, serán condenadas a una vida de estigmatización, prejuicio y malos tratos.

5. NO ES UN MÉTODO ANTICONCEPTIVO

El proyecto por el aborto legal, seguro y gratuito plantea: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir. Conforme las distintas alternativas son descartadas, el aborto se manifiesta como última instancia dentro de una infinidad de posibilidades.

Comprendiendo que la educación en la Argentina se imparte según el poder adquisitivo del que disponga la persona, también se puede inferir que así la educación sexual es diferente según el caso. Además, la salud es otra de las instituciones en crisis, haciendo que los métodos de anticonceptivos no se distribuyan en todas las zonas del país de manera regular. El derecho al aborto podrá fin a esa ausencia del Estado, mientras que paralelamente corrige sus falencias en el tema. La diferencia, como siempre, será que se salvarán miles de chicas de una muerte tortuosa y trágica.

6. NO EXISTEN LAS SUPUESTAS “SECUELAS” PSICOLÓGICAS

Las estadísticas están cansadas de demonstrar que las mujeres que abortan no acarrean en el futuro secuelas psicológicas por haberlo hecho. Por el contrario, universidades, países, organismos de derechos humanos como la UNESCO y la ONU, muestran que más del 80% siente que tomo la decisión correcta. Si se sienten mal, es porque la sociedad las castiga con sus leyes y su maldad, no por un factor psicológico que se “despierte” innatamente en sus cerebros como consecuencia de una práctica totalmente normal en más de la mitad de los países del mundo.

La lucha feminista ha llevado a que se conformara Socorristas en Red, un grupo de  activistas feministas que se encargan de informar, asesorar y acompañar a mujeres que deciden abortar para que lo hagan de manera segura. Por ejemplo, el aborto practicado en condiciones de salubridad es menos riesgoso que un parto. En más del 95% de los casos es efectivo con pastillas y es una práctica que, cuando se realiza de forma idónea, no pone en riesgo futuros embarazos, no causa cáncer, ni infertilidad, ni afecta la salud mental. Según los datos de sistematización de Socorristas en Red en el año 2015, fueron acompañadas a abortar de manera segura, cuidada y feminista, 2.894 mujeres.

7. ES UNA DEUDA DE LA DEMOCRACIA

Ningún gobierno democrático puso énfasis en despenalizar el aborto en Argentina. La única luz que conoció el derecho al aborto fue quizás durante el kirchnerismo, por su líder mujer y por su reconocida política a favor de los derechos humanos.

Para poder debatir el aborto es necesario no poner las convicciones personales por sobre un tema de salud pública que afecta a todas las mujeres de la Argentina. Las experiencias individuales son pocas en comparación con la cantidad de muertes en centros clandestinos de chicas aterradas por esas dos rayas que terminarán con el manejo, control y decisión sobre su propia vida.

Hay que mencionar el fallo F.A.L. de la Corte Suprema en 2012, que sentó jurisprudencia importante hacia el camino por el derecho al aborto. El fallo respaldó los abortos no punibles para todos los casos en que corra riesgo la vida o la salud de las mujeres -en un sentido amplio que considera su salud física o emocional- y que permite la interrupción legal del embarazo (ILE) en todos los casos de violencia sexual y cuando el embarazo es inviable.

En el país vecino de Uruguay el aborto es legal, seguro y gratuito, y las estadísticas oficiales muestran que la mortalidad es cero y no muere ninguna de las mujeres que pueden abortar monitoreada por el sistema público de salud.

La deuda, mientras, sigue cobrando vidas. Junto con una mujer asesinada en manos de un hombre cada 18 horas, ser mujer en Argentina es cada día más difícil.

8. EL MAYOR IMPEDIMENTO ES LA IGLESIA CATÓLICA

La Iglesia católica en la Argentina funciona como un grupo de presión y poder como lo es el empresariado y la sociedad rural. Impone cómo pensar, actuar y sentir y su coacción se expande, al menos, por todo Occidente.

En la Argentina se vivieron, al menos, dos grandes conquistas contra la Iglesia. La primera fue el derecho al divorcio, a principios de los 90, que concluyó una lucha social y judicial que desde hacía años venía exigiendo la sociedad. La segunda, el matrimonio igualitario en 2010, rechazado por la Iglesia por no considerar a los homosexuales como piezas necesarias para la obra de su Dios.

La figura máxima que intentó frenar el derecho de decisión de las personas del mismo sexo a casarse fue el por entonces Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, actual Papa Francisco. Además, a fines de 2015, dos años después de liderar el vaticano, anunció que la Iglesia perdonaría, de ahí en más, a las mujeres que abortaran. Expone así el pensamiento clerical, que prefiere “perdonar” a las mujeres antes que dejarlas tomar seguras sus decisiones de vida; que elige fomentar la prohibición de métodos anticonceptivos y de mostrar a la mujer como “madre”; y que no hace ningún tipo de comentario cuando una joven muere infectada por el aborto que le realizaron en alguna salita de un barrio vulnerable.

9. EL ABORTO EXISTE, SEA LEGAL O NO

Solo que algunas pueden pagarlo, y otras no. Ya lo decía el gran René Favaloro hace exactamente 20 años, en 1997: “Los ricos defienden el aborto ilegal para mantenerlo en secreto y no pasar vergüenza. Estoy harto de que se nos mueran chicas pobres para que las ricas aborten en secreto. Se nos mueren nenas en las villas y en los sanatorios hacen fortunas sacándoles del vientre la vergüenza a las que tienen plata. Con el divorcio decían que era el fin de la familia y sólo fue el fin de la vergüenza para los separados ilegales. Con el aborto legal no habrá más ni menos abortos, habrá menos madres muertas. El resto es educar, no legislar”.

10. NO NOS TENEMOS QUE HACER CARGO DE LOS DEMÁS

La mujer embarazada se encuentra en un estado vulnerable. Dejada de lado por las políticas públicas, estigmatizada por los medios y aleccionada por la sociedad, si desea abortar debe hacerlo por interés y voluntad propia. Que “Juan Carlos y Mirtha de La Matanza”, por poner un ejemplo, estén buscando un hijo y no puedan concebirlo por diferentes motivos, no es problema de la mujer en sí. La mujer no debe actuar como la salvadora de la sociedad, que “Juana” tenga un hijo no significa que “Marta” lo pueda tener o que se sienta consolada de alguna manera.

Solo con decir que estás deprimida se puede abortar. No es necesario explicar tus futuros planes, tu situación económica o familiar; no es no.

Todas y todos tenemos que elegir a quién amar para toda la vida, y tenemos el derecho de elegir cómo planificar nuestro destino. Cuánto más se sepa, más se van a salvar. La información salva vidas.

La Argentina se había comprometido con Naciones Unidas a reducir un tercio de la mortalidad materna para 2015. Incumplió. No bajo nada. Pero esa deuda la pagan las mujeres y la silencian los grandes medios.

Fuente: Sección Ciudad


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