La otra mitad de Cambiemos

El triunfo despertó las ambiciones internas y los socios del poder amarillo ya planifican su futuro. Del “vamos a volver” radical a la sombra terrible de una Lilita empoderada.

No sólo el macrismo puro y duro vive jornadas de bonanza poselectoral y hace planes para el futuro del país, con un horizonte plagado de reformas y acuerdos intersectoriales, desde un lugar ventajoso para el Ejecutivo y los intereses que lo apuntalan. Como era de esperar, el resultado obtenido en los comicios legislativos derramó por fuera de los márgenes del PRO, renovando así las aspiraciones particulares de los socios que acompañan a la fuerza de Mauricio Macri en la alianza gubernamental. Mientras el partido amarillo disfruta de su victoria y se potencia por la sintonía con los otros dos poderes del Estado –como lo demostró el caso de Julio De Vido–, la UCR y la Coalición Cívica (CC) proyectan sus lugares en un nuevo esquema de poder recargado y en franca expansión. Siguiendo su naturaleza, tradición y peso específico, cada espacio evalúa la factibilidad de sus ambiciones, ya superado el estrés de las urnas y con un verano que asoma bajo control, antesala para los dos años de mandato que le restan a Cambiemos. Unos y otros piensan en cómo sacarle más jugo propio al logro colectivo, y “construir” se volvió la palabra del momento. Mejor dicho: construir pero sin romper, sin poner en riesgo la sustentabilidad de lo armado hasta ahora. Como sugería el General Perón –que aún en la derrota de los propios suele dar buenos consejos–, “todo en su medida y armoniosamente”.

En el radicalismo sueñan –“a largo plazo”, aclaran– con llevar adelante una progresiva puesta en valor de la referencialidad partidaria, que les permita superar la etapa actual, limitada a la influencia parlamentaria, y pasar a la fase del protagonismo electoral. Mientras tanto, seguirán el plan trazado desde el primer momento en que aceptaron “sumarse al cambio”: defenderán desde sus bancas la centralidad de un gobierno del que se consideran herederos naturales.

En la CC, que ampliará su tropa legislativa, quieren hacer jugar la catarata de votos porteños acumulados por Elisa Carrió y darle al espacio mayor voz en la mesa de decisiones. En parte, esto supone recobrar el papel de auditores internos que supieron tener hasta el arribo de la campaña, cuando las necesidades de la contienda electoral aplazaron ese role play de disidencias y acuerdos que tanto rédito le dio al armado de Lilita y también a Balcarce 50.

El “vamos a volver” radical

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Casi como el seleccionado argentino de fútbol, que tras clasificar con lo justo al mundial de Rusia ya sueña con ganar la copa, la UCR también piensa en grande. Y no es para menos. Superada la prueba de medio término, en el partido centenario consideran que va quedando atrás esa crisis terminal crónica que los diezmó durante tantos años y que ahora sí pueden planificar. En concreto, piensan en 2023.

En la UCR, el razonamiento mayoritario es que el 22 de octubre quedó ratificado que lo hecho hasta ahora es lo que hay que seguir haciendo. Es decir, acompañar al PRO y aprovechar las posibilidades, sin entrar en conflictos que no están en condiciones de ganar. “Es una necesidad mutua, porque el radicalismo no le va a hacer interna en la presidencial de 2019, va a apoyar a Macri en la reelección, y el gobierno va a respaldar a los ‘gobernables’ que tiene la UCR”, pronosticaron desde uno de los despachos que los boinas blancas poseen en el Senado. Apalancados por lo que cosecharon en las urnas, entre esos nombres que aspiran a competir por algún Ejecutivo provincial figuran los senadores electos Eduardo Costa, que se impuso en Santa Cruz, y Julio Martínez, que lo hizo en La Rioja. En la lista de “gobernables” también ubican a José Manuel Corral, presidente de la UCR Nacional e intendente de la ciudad de Santa Fe. En el Comité Nacional de la UCR entienden que, en lo inmediato, el apoyo que esperan de la Rosada debería implicar que Costa o Martínez asuman la presidencia del interbloque oficialista en la cámara alta –otra opción es la radical tucumana Silvia Elías de Pérez–, para hacer tándem con Mario Negri en Diputados.

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Con estas expectativas, los correligionarios ven en 2023 el año en que –si todo sale a pedir de Cambiemos– se abrirá la posibilidad para que un candidato propio dé pelea en la interna de la alianza oficialista, ya con Macri fuera de carrera. Un operador radical de la Ciudad lo formuló así: “Hoy no estamos en condiciones de potenciar un nombre nuestro para las primarias de 2019. Pero si logramos consolidar una buena cantidad de gobernadores, entonces sí podemos construir una opción para el 2023. Ahí, al no haber re-reelección, el camino queda para que una María Eugenia Vidal, desgastada por 8 años de provincia de Buenos Aires, tenga adversario interno dentro de la coalición”. Son suposiciones optimistas pero también un criterio con el cual conducirse.

En cuanto a los cargos en el gobierno, un tema que en los primeros dos años de gestión macrista había suscitado quejas radicales por las pocas áreas puestas en sus manos, la experiencia modificó esa percepción. “No le ha ido bien al partido con los ministerios –reconocieron–. Además, el Comité Nacional está conforme por los resultados de Buenos Aires y por la potencialidad que se abre en sus distritos para dirigentes radicales que son indispensables para el gobierno”.

Este lugar paciente y expectante casi no admite fisuras en la UCR y la rebeldía de Ricardo Alfonsín aparece cada vez más solitaria y testimonial. En definitiva, la cúpula partidaria está persuadida de que, salvo contratiempos que no ven en el horizonte, “no queda otra que apoyar un segundo mandato de Macri”.

Ascenso de los lilitos

En lo que va de gobierno de Cambiemos, Elisa Carrió pasó de ser amenaza de inestabilidad a garantía de gobernabilidad. Aferrándose a la estadística, muchos contaban los minutos para que la chaqueña diera ese portazo que tantas veces había dado en el pasado reciente. Pero, en lugar de eso, se transformó en la principal candidata del oficialismo porteño, al que le permitió sacar más del 50% de los votos para diputados nacionales, además de facilitarle al alcalde Horacio Rodríguez Larreta una mayoría cómoda en la Legislatura.

Por estas horas, Lilita vuelve a tener la influencia que alguna vez supo acumular y que parecía perdida para siempre después del pobrísimo 1,8% que obtuvo en las presidenciales de 2011. El hecho de que su apabullante desempeño en la Capital Federal haya estado precedido por una sucesión de exabruptos y bravuconadas en torno al caso de Santiago Maldonado, ensancha aún más la autoestima política de una Lilita que vive días soñados.

La renovación de su banca deja a Carrió como referente de una CC que duplicó su espacio: pasará de los 5 diputados que tiene en la actualidad a los 10 que aportará al interbloque Cambiemos a partir de diciembre. “Vamos a tener una bancada más grande, tanto en la Legislatura como en el Congreso, y el hecho de que Lilita siga como líder parlamentaria cuatro años más hace que la Coalición se sostenga en un lugar de poder, donde su voz tenga que ser escuchada”, evaluaron desde el partido.

A diferencia de los radicales, la propia lógica de construcción de los lilitos supone entrar en ciertas tensiones públicas con el gobierno, que a su vez se fortalece. Para Macri, Carrió es el agua bendita de donde sale purificado y liberado de cargos, a pesar de la multiplicidad de negocios cruzados que su familia y su entorno mantienen con el Estado. Al menos, así fue hasta ahora, con ella haciendo las veces de Pepe Grillo y él mostrando los atributos de un líder “humano”, que se equivoca pero admite el error. Este entendimiento, frágil por definición, debe ser refrendado en la práctica y en un contexto distinto, donde el PRO se siente más seguro y autosuficiente, al tiempo que Carrió está más Carrió que nunca.

Un dato a tener en cuenta es el arribo a Diputados de una de las personas que mejor conoce a la chaqueña y una de las pocas que le discute de igual a igual: la legisladora Paula Oliveto Lago, quien hasta ahora se había mantenido más en el plano del trabajo de fondo que en la exposición política. “Que Paula vaya para allá, a pedido de Lilita, no es un dato menor”, subrayaron en la Coalición y aseguraron que la llegada a la cámara baja de esta abogada, especialista en temas presupuestarios, genera inquietud entre sus pares de interbloque. Por lo pronto, luego de celebrar las novedades en el proceso contra Julio De Vido, Oliveto Lago aclaró: “Faltan los empresarios, yo quiero a los responsables presos, a mí con De Vido no me conforman”.

Al margen de los escarceos, despejando cualquier interpretación secesionista, los lilitos subrayan que “la intensión no es romper”, sino “decirles lo que está mal y no acompañar cualquier cosa”. Como ejemplo, ponen su discrepancia con uno de los recursos más utilizados por la gestión de Macri: “Nosotros no creemos que se pueda gobernar por DNU. Eso y otras cosas no las vamos a acompañar”. También pretenden reflotar el ataque directo que Carrió impulsó a principios de año contra el titular de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, y que quedó en stand by con el comienzo de las elecciones. “El tema Lorenzetti lo vamos a seguir, estamos esperando el tiempo”, aseguraron.

Lo que está claro es que, junto al hábito de realizar presentaciones en sede judicial, la CC concentrará su acción en el Congreso, más allá de la peculiaridad de lo ocurrido con el diputado Fernando Sánchez, que luego de diciembre se sumará al equipo de la Jefatura de Gabinete, por pedido expreso de Marcos Peña. “Como no exigimos lugares, no tenemos disputas de poder, no tenemos gente operándonos en contra porque creen que vamos a pedir un ministerio”, explicaron a Zoom. “Les podemos caer mal y que nos digan que nuestras declaraciones son inapropiadas o que no somos confiables, pero nadie cree que les podemos mover el piso y eso hace que con nosotros se relajen un poco más”, concluyeron.

Lo que no discuten

Esta es la foto y cada sector le da movimiento según le convenga la película. Sin embargo, todas estas conjeturas, que implican algún grado de negociación o hasta de pulseada en la alianza de gobierno, parten de un acuerdo, de una certeza que hoy nadie discute en Cambiemos y que constituye la gran victoria interna de Macri: el liderazgo del presidente está blindado, así como su proyección en solitario dentro del esquema oficialista para la renovación en 2019.

Fuente: Revista Zoom


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